Sentada, sola, con los dedos oliendo a cebolla y ajo, observa en silencio su vida, sus días. Este último mes fueron mañanas y tardes nubladas, porque en su país dicen estar en verano (ya que lo que suceda en la capital rige al resto aunque no sea real) sin embargo en su pequeña ciudad truena, llueve y moja.
Hoy regresamos a clases y con esa rutina ajetreada la bendición de tener unas pocas horas para disfrutar de su soledad, se tapa la boca con la mano al pensar en eso. Pero disfruta la casa vacía, los platos sucios sin la presión del pasar del tiempo.
Escucha el silencio e inevitablemente piensa en la cara de su pequeño, recuerda el miedo que veía en su rostro, pero ahora trata de imaginar un salón lleno de colores con mucha bulla, la luz del sol entrando por la ventana y aquella sonrisa (su favorita) disfrutando del primer día.
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