Lar rupturas amorosas conllevan un ciclo de hechos dolorosos y dolidos. La primera vez que no llegué a casa, pues me había quedado toda una noche llorando con mi futuro ex novio, mis padres me buscaron preocupados en todas partes; presentaron una denuncia… porque yo no era así, no desaparecía sin aviso. Mientras que ellos recorrían las casas de mis amigas y preguntaban en la facultad por mí a todos mis conocidos, yo me auto torturaba escuchando Radio de Lana del Rey en la voz de Francis entre susurros y lágrimas, ambos sabíamos que nuestra relación nació en el fracaso, yo no lo amaba y él, nunca supe si sentía lo mismo, pero nos divertíamos, por mi lado pensaba que me olvidaría de la persona a la realmente amaba y él interpretando un mal libreto de héroe salvador.
Pronto mis padres llegaron a su casa, donde no estábamos, una batalla entre dos familias que jamás se volverían a ver creada por dos adolescentes, desencadenó reclamos y miedos. Nos hicimos más unidos en la clandestinidad, lo prohibido me atraía y consumía. En las memorias de hoy, veo que nunca nos pertenecimos, fuimos un estacionamiento para el largo recorrido que teníamos, hoy puedo ir a casa oyendo a Lizzy Grant y en mi memoria resuena con cariño la voz de Francis.