RENUNCIA

El 13 de mayo, fue un día oscuro y cansado, de viajes cortos de un lugar al mismo, antes de ir  a mi cama tuve una reunión de trabajo de esas que repiten lo mismo que se dijo en la anterior. Al terminar le llamé a mi supervisora para saber mi horario de la siguiente semana y en respuesta recibí una noticia digna de aquel día, me cambiarían a otra área, la peor de todas, a razón de que tenía observaciones. Asumí el comunicado con toda la calma que el momento me lo permitía, pero a los 10 minutos de imaginarme todos los días recibiendo quejas de miles de personas al teléfono, no lo pude tolerar, ni siquiera en la fantasía.

Le llamé a mi supervisora y no hubo contestación, entonces usé uno de los métodos más cobardes para terminar algo, un mensaje, breve y directo en el que le comunicaba mi renuncia.

Al entrar a mi cama me quité los lentes, llevé ambas manos a mi rostro, sobé mi nariz y mi boca, cerré los ojos dos segundos y al abrirlos observé el calendario, marcaba 13 y era viernes. Algunas veces nuestras mejores decisiones coincide con fechas selladas con la mala suerte.

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